• Con la soga en el cuello

    Martes 19 de septiembre de 2017 - 08:34

    Caacupé FBC respira con oxigeno, complicada situación, a un paso del cielo, a un paso del infierno.

    Oremos a la milagrosa Virgencita de Caacupé, a San Expedido patrono de las causas justas y urgentes, a todos los Santos para que ocurra un milagro.

    La fe mueve montañas. La Esperanza es lo último que se pierde. Los milagros existen. El que quiere puede.

    Caacupé FBC se juega este domingo 24/09/2017 su última carta. ¿Tendrá el AS DE ESPADA bajo las mangas?

    No depende de sí mismo. Depende de un "General" que seguramente querrá utilizar toda su "autoridad", dentro y fuera de la cancha para conseguir su objetivo

    El horno no está para bollos. Negra está la morcilla.

    Caacupé FBC tiene que implorar una ayudita de River Plate. Si River logra jugar a favor de Caacupé no será una ayudita, será un AYUDON, no sé si vale la expresión, pero todo vale. 

    El descenso está ahí, a la vuelta de la esquina. La pérdida de la categoría se manifiesta cada vez más fuerte.

    Caacupé FBC depende de que pierda General Caballero y que gane su partido al Deportivo Santaní.

    Claro que se puede, pero tiene que extremar recursos, jugará ante el equipo que ganando su partido se consagrará CAMPEON de la Intermedia.

    Feo panorama. Desalentador, pero los débiles se agigantan cuando la FE los mueve.

    He visto llorar a los fuertes ante tan irreparable pérdida.

    A días, horas de jugarse Caacupé FBC su última carta, vienen los recuerdos de aquellas tardes de domingos apasionantes, donde el pueblo iba a las canchas, adornados con los colores verde – amarillo para alentar a su equipo.

    No importaba la distancia, las tardes calurosas, las inclemencias del tiempo, había una razón y se actuaba con el corazón.

    Tardes memorables de pasión, de amor, de emoción. Caacupé llenaba estadios, todos los caminos iban hacia donde jugaba Caacupé.

    Hoy, el presente, nos tiene a todos entristecidos, con las caras largas, un sueño buscado, acariciado, conseguido se va diluyendo poco a poco. Todos nos preguntamos ¿perderá Caacupé FBC la categoría?

    Ojala que no, ojala que se gane y que Gral. Caballero empate o pierda. Difícil pero no imposible. En el fútbol todo vale y ese es el temor de todos. Se entiende ¿verdad?

    La cuestión no pasa por llenar el estadio del Tte. Fariña. Todo pasa por el deseo inmenso que pierda el rival que no jugará contra Caacupé, lo hará en su propio estadio y tiene todas las de ganar.

    Ese maldito estadio del Gral. Caballero, donde hace muy poco, Caacupé FBC se presentaba con sus mejores galas para disputar su encuentro contra el cuadro rojo, pero las “cosas del fútbol” impidieron disfrutar de una victoria cuando se ganaba fácilmente por tres goles a cero.

    Excelente primer tiempo de Caacupé FBC. Tarde inspirada. Buen juego, capacidad goleadora.

    Segundo tiempo fatal, para el olvido. ¿Qué pasó en vestuarios? es la pregunta del millón.

    Gral. Caballero revirtió todo, si, todo, de 0 – 3 en contra, pasó a ganar 4 a 3 y logró su objetivo de ascender de categoría.

    Y justamente al equipo que – supuestamente – le pasamos la mano – ahora queremos que pierda. Ironías de la vida.

    Hasta el Deportivo Liberación quedó muy enojado de aquella tarde gris que se tuvo en Zeballos Cué.

    A esperar el domingo 24 de setiembre, el desenlace es incierto, las posibilidades de salvarse del maldito descenso están ahí, pendiendo de un hilo.

    El camino del infierno está que arde, pocas luces en el cielo, pero, tal vez, la cadena de oraciones sea positiva, aunque no creo que DIOS el más grande tenga que salir a favor de uno en detrimento de otro, para EL todos somos iguales y con las mismas condiciones y posibilidades.

    El pueblo deportivo caacupeño se siente angustiado, nervioso. Ojala que este estado se transforme luego en risas, abrazos, llantos de alegría.

    Caso contrario, hagamos una MEA CULPA, con gente nueva, capacitada y volvamos a recomenzar. Los escombros que ya no sirven desechemos todo.

    Los hombres pasan, las instituciones quedan.

    Que así sea.